Una experiencia educativa que combina naturaleza, ciencia y tecnología con los colegios Gredos San Diego.

¿Qué es Diario Vivo?

Diario Vivo es un proyecto educativo que invita al alumnado a aprender ciencia y naturaleza viviéndolas en primera persona. Durante una jornada completa, los estudiantes salen al entorno natural que rodea el albergue de Sendas del Riaza para observar plantas, animales y paisajes, registrar lo que encuentran y reflexionar sobre cómo ha cambiado ese entorno a lo largo del tiempo.

A través de la exploración directa, el uso de herramientas digitales y el trabajo en equipo, Diario Vivo convierte a los alumnos en pequeños investigadores, capaces de hacer preguntas, recopilar datos reales y sacar conclusiones. La experiencia se completa con actividades creativas y de reflexión, como el taller de Paleopaisaje, donde comparan el paisaje actual con el que existía en la Prehistoria, entendiendo mejor la relación entre las personas y la naturaleza, o el taller de serpientes, donde aprendemos sobre uno de los grupos de animales más fascinantes de nuestra fauna.

Diario Vivo no es solo una excursión al campo: es una experiencia educativa completa que conecta conocimiento, curiosidad y respeto por el entorno, fomentando un aprendizaje activo, significativo y duradero.

Un día en Diario Vivo

Los alumnos de los colegios Gredos San Diego llegan al albergue de Sendas del Riaza, en Valdevacas de Montejo, para pasar cinco días rodeados de naturaleza, convivencia y experiencias compartidas. Tras dos primeros días llenos de juegos, rutas y actividades, llega el miércoles. Ese día no es uno más: es el día de Diario Vivo.

La mañana comienza con una propuesta diferente. Hoy no toca simplemente pasear por el entorno, sino mirarlo con otros ojos. Tras una breve introducción, los alumnos se organizan en pequeños grupos y salen al campo convertidos en exploradores. Antes de empezar, se reparten tareas y roles, de modo que cada uno tiene una misión: mientras unos buscan huellas y rastros en el suelo, otros fotografían plantas y animales, otros graban cantos de aves o anotan las observaciones, y todos se van turnando para participar en las distintas tareas. Caminan por caminos y sendas que ya conocen, pero ahora se detienen, observan, se hacen preguntas y aprenden a colaborar. Aparecen huellas en el suelo, plantas que antes pasaban desapercibidas, aves planeando sobre el valle o pequeños animales escondidos entre las piedras, descubiertos gracias al trabajo en equipo.

A medida que avanzan, la tecnología se convierte en una aliada clave del aprendizaje. Con tablets y cámaras en la mano, los alumnos fotografían especies, graban sonidos y registran sus observaciones utilizando aplicaciones de ciencia ciudadana como iNaturalist y Merlin, las mismas que emplean investigadores y naturalistas en todo el mundo. Aprenden a identificar plantas, animales y aves a partir de imágenes y audios, y descubren que cada registro contribuye a crear un inventario virtual de biodiversidad del entorno. Además, colocan una cámara de fototrampeo, una herramienta científica que permite descubrir la fauna más esquiva y nocturna, aquella que rara vez se deja ver durante el día. Así comprenden que la naturaleza sigue activa incluso cuando no la vemos.

Enlace a los vídeos de fototrampeo en Youtube

Después de comer y de un merecido descanso, la experiencia continúa bajo techo. Es el momento de revisar lo vivido. Los alumnos vuelven a ver sus imágenes, reconocen especies, comparan resultados y descubren que sus observaciones se suman a las de otros grupos y otras semanas. Poco a poco entienden que forman parte de un gran inventario de biodiversidad que se construye entre todos.

Antes de cerrar la jornada, llega uno de los momentos más esperados: el taller de serpientes. A través de una dinámica participativa y lúdica, los alumnos descubren más sobre estas especies que despiertan tanta curiosidad como respeto. Aprenden a reconocerlas, a diferenciar mitos de realidades y a comprender el papel fundamental que desempeñan en los ecosistemas. El taller despierta preguntas, risas y mucha atención, y ayuda a mirar a estos animales desde el conocimiento y no desde el miedo.

La jornada termina con el taller de Paleopaisaje, un viaje al pasado que invita a imaginar cómo era este mismo lugar hace miles de años. A través del dibujo, la conversación y la reflexión guiada, los alumnos comparan el paisaje actual con el de la Prehistoria y descubren cómo el clima y la actividad humana han ido transformándolo. Es un cierre tranquilo y creativo que permite integrar todo lo aprendido durante el día y enlazar con la visita al Museo de la Evolución Humana en Burgos al día siguiente.

Así, el miércoles de Diario Vivo se convierte en uno de los recuerdos más especiales de la estancia: un día en el que los alumnos no solo disfrutan de la naturaleza, sino que aprenden a comprenderla, respetarla y mirarla de una forma completamente nueva.

¿Dónde están las observaciones?

En Diario Vivo, las observaciones que realizan los alumnos no se quedan en el aula ni en un cuaderno. Cada fotografía, cada sonido grabado y cada registro que suben forma parte de un proyecto real de ciencia ciudadana, accesible y compartido a través de la plataforma iNaturalist.

Durante la salida al campo, los alumnos documentan plantas, animales, huellas y rastros utilizando aplicaciones científicas reales. Estas observaciones se suben a proyectos específicos de Diario Vivo, donde quedan registradas junto a las de otros grupos del mismo día y de otras semanas. Esto permite comparar resultados, ver qué grupo ha observado más especies, descubrir cuáles aparecen en diferentes momentos del curso y entender cómo la biodiversidad cambia con el paso del tiempo. Este componente de competición sana resulta muy motivador y anima a los alumnos a observar con más atención y curiosidad.

De este modo, se va construyendo un inventario virtual de biodiversidad del entorno del Valle del Riaza, que funciona como un auténtico diario del ecosistema. El trabajo tiene un valor doble: por un lado, los alumnos aprenden cómo funciona el método científico —observar, registrar, identificar y analizar datos— y, por otro, comprenden que sus observaciones contribuyen a generar conocimiento útil, que puede ser consultado por educadores, naturalistas y personas interesadas en la conservación de la naturaleza.

Gracias a este proyecto, los alumnos descubren que la ciencia no es algo lejano ni reservado a expertos, sino una herramienta abierta en la que ellos también pueden participar. Entienden que sus descubrimientos cuentan, que forman parte de un proyecto colectivo y que su curiosidad ayuda a conocer y proteger la biodiversidad que nos rodea.

En los proyectos de iNaturalist de Diario Vivo se pueden consultar todas las fotos, sonidos y observaciones realizadas por los alumnos, y ver cómo, semana a semana, se va creando un auténtico diario vivo del ecosistema.

En este enlace puedes visitar todos los proyectos, rankings y galerías de fotos de Diario Vivo en iNaturalist

  • Más de 2.000 observaciones realizadas.
  • 263 especies registradas.
  • Datos compartidos en una plataforma científica real (iNaturalist).
  • Comparación entre semanas y estaciones.

Del campo al aula

Diario Vivo no termina en Sendas del Riaza. La experiencia vivida en el entorno natural se prolonga durante el segundo y tercer trimestre con una serie de talleres en los propios centros educativos, diseñados para conectar lo aprendido en el campo con el entorno cotidiano del alumnado y consolidar los aprendizajes.

En estas sesiones, el punto de partida son los propios datos generados por los alumnos. Se revisan y analizan todas las fotografías, sonidos y observaciones recogidas durante las estancias, no solo de cada grupo, sino del conjunto de clases participantes. De este modo, el alumnado puede comparar resultados, identificar patrones, descubrir especies comunes y raras, y comprender mejor cómo funciona un inventario de biodiversidad a lo largo del tiempo y en diferentes contextos.

A partir de ese análisis, el proyecto da un paso más con un taller de biodiversidad urbana, que traslada la mirada científica al entorno más cercano: el propio colegio y su entorno inmediato. Los alumnos descubren que muchas de las especies observadas en el campo también pueden encontrarse dentro o cerca del centro educativo, y reflexionan sobre qué necesitan para vivir allí.

Este trabajo culmina con una acción de conservación concreta, diseñada y construida por el propio alumnado. En función del contexto del centro, se instala:

  • Una caja nido con webcam, para favorecer la nidificación de pequeñas aves como carboneros, herrerillos o gorriones, o incluso de un cernícalo.
  • Un hotel de insectos, destinado a abejas solitarias y otros insectos polinizadores.

Estas instalaciones permiten seguir observando, aprendiendo y generando datos a lo largo del curso, convirtiendo el centro educativo en un espacio vivo y conectado con la naturaleza.

De este modo, Diario Vivo cierra el círculo: de la observación en el campo a la reflexión en el aula, y de ahí a la acción directa para la conservación. El alumnado comprende que el conocimiento adquirido no se queda en una experiencia puntual, sino que puede transformarse en compromiso, cuidado y responsabilidad hacia el entorno que habita cada día, y que la tecnología, cuando se pone al servicio de la ciencia y del bien común, es una herramienta poderosa para conocer, proteger y mejorar la naturaleza que nos rodea.